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sábado, 14 de febrero de 2009

SAMUEL MORENO ES COMO UNA TORTUGA EN UN POSTE

Un joven estaba paseando por la Plaza Bolívar en Bogotá y decide tomar un descanso. Se sienta en un banco y al lado hay un señor de más edad y naturalmente comienzan a conversar sobre el país, el gobierno, la comunidad y finalmente sobre SAMUEL MORENO ROJAS, actual alcalde de Bogotá por el Polo Democrático. El señor le dice al jóven:

"¿Sabe? SAMUEL MORENO ROJAS ES COMO UNA TORTUGA EN UN POSTE".

Después de un breve lapso de tiempo el joven dice:"No entiendo eso de la tortuga sobre el poste. ¿Qué significa eso señor?" El señor le responde:"Si Ud. va caminando por el campo y ve arriba de un poste de alambrado una tortuga haciendo equilibrio encima. ¿Qué se te ocurre?"

Viendo la cara de incomprensión del muchacho joven este le explica: "Primero: TÚ no entiendes cómo llegó ahí...Segundo: TÚ no puedes creer que esté ahí...Tercero: TÚ sabes que no pudo subir allí solita…Cuarto: TÚ estás seguro que no debería estar allí...Quinto: TÚ eres consciente que no va a hacer nada ÚTIL mientras esté allí... Entonces lo único sensato sería ayudarlo a bajar de allí.

ALCALDE, NO NOS CREA TAN PENDEJOS

La decisión de aumentar el mal llamado “pico y placa” a todo el día en Bogotá es una de esas medidas que nos obligan a cuestionarnos sobre la verdadera capacidad de nuestros gobernantes, si es que carecen de ella o si la tienen en exceso pero la utilizan para fines distintos a los de proteger los intereses de la ciudadanía, como parece suceder en el caso de Samuel Moreno.

Que otra cosa puede pensar el ciudadano trabajador cuando ve sus derechos cada vez más recortados, sin concertación ni consideraciones de ninguna clase, mientras con los transportadores, beneficiarios directos de esta arbitrariedad, “se está concertando la medida” ¿como así? Alcalde, no nos crea tan pendejos!

También queda uno muy despistado cuando recuerda el “ni un minuto más de pico y placa,” frase que le valió el respaldo de un amplio número de automovilistas, que hartos del acoso diario a que nos tienen sometidos, lo pusimos allí. Nos mintió, nos estafó y de paso se llevó no solo su propia credibilidad sino la del partido que dice representar.

Y que pensar cuando una institución tan seria como la Universidad de Los Andes asegura que solo saldrán de circulación entre 180 y 212 mil carros particulares, no los 530 mil que dice Moreno, lo que representa un desfase cercano al 60%. ¿Que interés puede haber en manipular esta información? ¿o es que de verdad le resultan tan difíciles los números? Tampoco nos resulta creíble el cuento chino de que la medida es temporal. Creámosle a Los Andes que nunca nos ha mentido.

La medida en si misma es un monumento a la falta de sentido común, a la improvisación, a la ineficacia, a la desconsideración y a la falta de visión. En ninguna cabeza que funcione bien cabe que el trancón se remedia sacando de circulación unos carros particulares para meter 3 mil y pico de buses que competirán con los particulares sobrevivientes por unas pocas vías en regular estado y unas trochas dignas de camper cross.

Dentro de unos pocos meses las ventas de carros usados habrán igualado el número de los que no pueden circular y no tendremos ninguna solución pero si un problema mayor, porque con seguridad tendrá que emitir un nuevo decreto en el que se prohíba la circulación no solo por números de placa sino por modelos para enmendar hasta donde pueda la barbaridad que cometió. Créanme que no es nada absurda ni lejana la posibilidad.

La imaginación no le alcanzó a Moreno para pensar, por ejemplo, en la sincronización de los semáforos, en la señalización de las obras para evitar que la gente se meta en los trancones cuando ya no tiene opción de devolverse; tampoco se le ocurriría revaluar el papel represor de la policía de tránsito para convertirlos en organizadores del tráfico, no en cazadores, en construir pasos elevados o subterráneos para Transmilenio lo que aliviaría filas interminables en sectores críticos como la calle 80 y muchísimo menos en modificar horarios, utilizar la tecnología para evitar desplazamientos innecesarios o en educar a la ciudadanía para que aprenda a utilizar racionalmente sus vehículos. No, como en el viejo cuento, hizo lo más fácil, vendió el sofá.

Jamás consideró el negativo efecto que para las empresas representa el no poder entregar sus mercancías a tiempo, lo cual es especialmente grave para las que comercian con productos perecederos, es decir, con la comida de la gente. Cosas como esta han llevado a que algún sector de la industria esté considerando solicitar al Ministerio de Protección Social autorización para imponer a sus empleados una especie de “pico y placa” laboral en virtud del cual un porcentaje de sus empleados no trabajaría durante uno o dos días a la semana, sin remuneración, obviamente, para disminuir sus costos de operación y sobrevivir al frenazo económico que esta medida representa. El efecto que esto tendría es verdaderamente apocalíptico.

No pensó en lo que tendrán que hacer para sobrevivir con menores ingresos los que directa o indirectamente obtienen su sustento de los carros, que son más de un millón de personas solamente en Bogotá. Ignora las nefastas consecuencias que esto tiene para la seguridad ciudadana y le importa poco aumentar la pobreza en una ciudad donde hay gente que ya aguanta hambre. Todos, con o sin carro, terminaremos pagando las consecuencias de la improvisación y el facilismo.

El tema es muy complejo y las soluciones no se ven cercanas ni fáciles, pero lo mínimo que podría esperar uno de quien gobierna la primera ciudad del país es un poco más de análisis y de imaginación y no la elección de, simplemente, la más fácil y a mediano plazo más riesgosa jugada para mejorar la inmovilidad a la que las incompetencias gobernantes nos tiene sometidos. Que haga una encuesta pública, a la luz del día, en la que además se propongan soluciones, que con seguridad las hay muy buenas. Quizá aquello de que el pueblo es superior a sus gobernantes sea cierto y le ayude en algo, así por lo menos empata

¿ES NECESARIO EL AUMENTO DEL PICO Y PLACA? (Publicado en El Tiempo, febrero 4 de 2009)

Probablemente. Pero llegamos a necesitarlo debido a una larga cadena de errores cometidos por nuestros gobernantes, entre los cuales se pueden mencionar sin temor a equivocarse: falta de planeación, de visión, de imaginación, de pensamiento a largo plazo, de compromiso con la ciudad y, en no pocas ocasiones, a falta de capacidad para gobernar.

Y sigue ocurriendo: el aumento del “pico y placa” es una seudo-solución, facilista y efectista más no efectiva, que no resuelve ni siquiera tangencialmente los problemas de fondo, es decir, la escasez y mal estado de las vías y el exceso de vehículos, agravado por los de servicio público que no ha sido posible chatarrizar, los taxis piratas que tampoco han podido controlar, las zorras y el previsible aumento del parque automotor usado que entrará a rodar, costo en el que quienes puedan incurrirán para evadir la restricción, es por eso que este tipo de medidas suele, a mediano plazo, tener un efecto contrario al que se busca.

Si el Gobierno Distrital quisiera resolver problemas estructurales debería empezar por restringir “temporalmente” la importación, ensamble y venta de motos y vehículos en Bogotá. Pero dudo que lo haga, estos son grupos con un inmenso poder de lobby que no le permitirían semejante exabrupto. Por el contrario, estarán pensando en como aumentar sus ventas sin que importe mucho la congestión que se produzca.

Este aumento en la restricción tiene también un efecto indeseado y peligroso sobre la economía de la ciudad si consideramos el alto número de personas que directa o indirectamente derivan su sustento de los carros, mecánicos, latoneros, pintores, lavaderos, estaciones de servicio, almacenes de repuestos, talleres y un larguísimo etcétera de damnificados por esta absurda medida, elementos que sin duda actuarán como disparadores de la inseguridad, la violencia y otras plagas sociales que nuestro Alcalde no parece haber considerado y que nos afectarán a todos, con o sin carro.

¿Dispone la ciudad de un sistema de transporte masivo suficiente para absorber el abrupto aumento en la demanda? La respuesta es un categórico NO. El ingreso de buses y busetas adicionales no es un factor que contribuya a la descongestión y empeorará a niveles peligrosos la contaminación ambiental que ya padecemos y que cuesta vidas y millones de horas laborales perdidas, aspecto que tampoco mencionó el Alcalde. ¿Alguien se enteró de la encuesta que “afianzó su decisión”?

Debemos poner punto final a la manía de imponernos barbaridades cada que se les antoja. No podremos utilizar los carros durante un 30% del tiempo, por lo tanto es razonable que los impuestos y costos asociados a su utilización, como las pólizas de seguro, el SOAT, las multas, las grúas, los patios de tránsito, la semaforización, el rodamiento y demás arandelas disminuyan EN LA MISMA PROPORCIÓN, así quienes toman este tipo decisiones estarán obligados a planear y a ejecutar cuidadosamente para evitar detrimento patrimonial a la ciudad y a si mismos, si es que la ley se aplica con todo el rigor con que debería aplicarse.

El cambio de horarios para algunos grupos de tal manera que la ocupación de vías no se concentre en las horas pico, el teleestudio y el teletrabajo son opciones que un buen número de personas podría desarrollar sin necesidad de desplazarse y que bien podría considerar el Alcalde, la tecnología necesaria ya existe, se necesitaría la decisión de pensar a fondo los problemas y de buscarles soluciones inteligentes y duraderas. ¿mucho pedir?

Si bien la falta de mantenimiento de la malla vial no puede atribuirse exclusivamente a Samuel Moreno, este podría exigir que el 25% que pagamos de sobretasa a la gasolina se invierta para lo que fue creado este tributo y no para seguirle construyendo vías y reparando losas a Transmilenio, que no ha dejado ni dejará de ser una empresa particular a la que el Estado y el Distrito le han otorgado una prebendas inimaginables en detrimento de quienes utilizamos nuestros vehículos como instrumento de trabajo.

Todo esto sin olvidar que todo lo que pase en Bogotá afecta el país entero y que los modelos aquí creados son rápidamente imitados por autoridades de otras ciudades y municipios. Al paso que vamos nos seguirán prohibiendo y recortando derechos en aras de un muy discutible “interés general” que parece cada vez más cercano a los intereses de los grandes grupos económicos y más lejano de las necesidades de la gente.

NO PERMITAMOS QUE SE SIGA IMPROVISANDO Y NEGOCIANDO CON NUESTRO DERECHO AL TRABAJO Y A LA LIBRE MOVILIZACION Y RECORDEMOS QUE EN COLOMBIA LO TEMPORAL TERMINA SIENDO PERMANENTE.